dejar atrás un pasado de dolor y dudas.
Gracias a tu mirada, siempre propia,
pude ver más allá de mi baja autoestima.
Gracias a tu siempre sincera sonrisa
descubrí que podía seguir adelante.
Y tuvo que ser así, tuviste que ser tú.
Y me encantó caer, tanto como lo necesitaba.
Y hasta en el rechazo supiste ser dulce.
Y me hiciste sentir cerca de ti, como tú sabes hacer.
Lo que ha de doler duele, así debe ser.
Pero cuando algo merece la pena,
cuando intentarlo es el camino,
el dolor te ayuda a crecer.
No me arrepiento de haber hablado,
algo tan impropio en mi.
No me arrepiento de haber caído.
Y mejor contigo, amiga.
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