Una noche tras otra el peso de la culpa me hundia
en una tumba oculta tras la losa que yo mismo deseé.
Anhelaba el frío mármol a mi alrededor,
deseaba sentir la grandeza del dolor.
La soledad se tornaba en ansiada promesa
de una vida de magnificencia.
Vagabundo de unas calles extrañas y frias,
observaba esos rostros desafiantes
que nunca podría alcanzar.
Y lo cierto es que nunca quise alcanzarlos,
solo destruir aquello que temía.

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